jueves, 6 de mayo de 2010

Carta del Maestro a las maestras




¡Siempre estoy con ustedes! pero aprovecho este día para saludarlas y contarles que en mis tiempos no teníamos pizarra ni tiza, mucho menos computadoras. Escribíamos en el suelo con un palito o con el dedo.
Hoy enseñan a leer lo que ustedes mismas o los hombres escribieron sobre papel. Yo enseñaba a leer lo que Dios escribe en la naturaleza «LOS SIGNOS DE LOS TIEMPOS».
Enseñan matemática y en esto se asemejan a mí, salvo que yo enseñaba más a dividir que a multiplicar, y la operación que más me atraía era la potenciación del UNO para mostrar la TRINIDAD. Ya que: UNO POR UNO Y POR UNO ES IGUAL A «UNO».
No me seducía multiplicar dinero, me agradaba multiplicar panes y pescados, así la gente entendía mejor lo que es la multiplicación YA QUE LA MULTIPLICACIÓN, SOLO SIRVE, SI LUEGO SE DIVIDE.
¡Claro! en mi época los alumnos eran personas mayores, árboles crecidos, difíciles de enderezar, en cambio ustedes tienen en sus manos PLANTITAS CHIQUITAS QUE CON SU AMOR Y CUIDADO NO PUEDEN CRECER TORCIDAS, eso sí, hay que regarlas mucho y no con agua ¡CON AMOR!
Les escribo esta carta y les cuento estas cosas a ustedes que son «MIS COLEGAS», porque recuerden que a mí no me llamaban profesor, ni doctor (a pesar que curaba), ni siquiera sacerdote...
ME LLAMABAN ¡MAESTRO Porque enseñaba con
«MI VIDA, EL CAMINO A LA VERDAD.»
Queridas COLEGAS, recuerden que como MAESTRAS NO DEBEN DEJAR DE HABLAR DE MÍ Y DE MI PADRE.

¡NO TENGAN MIEDO!

YO ESTARÉ SIEMPRE CON USTEDES HASTA EL FIN DE LOS TIEMPOS.

¡FELIZ DÍA!
¡CON AMOR!
Jesús

No hay comentarios:

Publicar un comentario