jueves, 6 de mayo de 2010

Prohibido hablar de Jesús


Hace unos años, participé de unas jornadas realizadas en el Colegio Virgen de la Merced con el lema: «RECONSTRUYAMOS LA NACIÓN DESDE SUS BASES MORALES MÁS PROFUNDAS»
El principal orador fue monseñor Estanislao Karlic, quien nos habló de la moral en los distintos quehaceres de la vida, familiar, social, política, educacional etc.
Entre otras cosas nos dijo:
¨Que a las personas no se las relaciona porque se las ponga juntas, sino desde su interioridad.
¨Que los hombres se comunican cuando tienen iniciativas.
¨Que las divisiones siempre son interiores (la espada no parte al Mártir)
¨Que serán, lo que sean sus valores.
¨Que la amistad hace iguales a los amigos.
¨Que a la Argentina hay que construirla desde adentro.
¨Que necesitamos proyectos realizables.
¨Que el que no ha dado todo, no a dado nada.
Y concluyó exhortándonos a tejer el futuro, con el hilo del amor.

Luego nos separamos por ámbito para realizar un análisis más concreto y yo elegí el área educación compuesto especialmente por maestras. Debíamos hacer una propuesta concreta y realizable de cómo ayudar a forjar un mundo mejor. Después de escuchar que todas coincidían en la falta de modelos a imitar y que siempre terminaban imputando la responsabilidad al gobierno, sugiriendo (sin decirlo), que ellas nada podían hacer, les propuse que les hablaran de Jesús a los niños. Grande fue mi decepción cuando casi al unísono respondieron que no se les puede hablar de Jesús a los chicos. ¡Está prohibido! Porque no todos son católicos, y los padres se quejan, se enojan al saber que la maestra les habla de Jesús. Para afirmar su postura expusieron casos de padres indignados porque vieron en el cuaderno de su hijo un dibujo de Jesús y así cada una argumentó o se justificó para no permitir la entrada de Jesús a sus aulas.
Insistí contándoles que conocí a varias maestras que les hablan de Jesús a sus alumnos sin tener problemas y que en la mayoría de los casos esto se refleja en el buen comportamiento de los niños, especialmente en los recreos. Y les narré el caso de una docente de lengua que conocí en una escuela pública de Salta, que orgullosa me mostró cómo difundía la Palabra de Dios, simplemente utilizando textos bíblicos para enseñar los adjetivos, los verbos, pronombres etc. Mientras aprenden lengua, los chicos van conociendo la Palabra de Dios.
Estos ejemplos no alcanzaron para convencerlas y si bien ninguna tenía una propuesta concreta para mejorar el futuro y la mía, no servía, la conclusión fue: El gobierno es el responsable. ¡Prohibido hablar de Jesús!
Me quedé sin palabras, la impotencia puso un candado en mi boca. Mi cabeza ya no estaba allí. Me fui de la jornada con la sensación de que todo quedaría igual, como siempre, cuando buscamos que al problema lo solucione otro.
Frente al miedo de mostrarlo a Jesús, por temor a perder el trabajo, o para no tener problemas, me preguntaba qué hubiese sido del Sacrificio de Jesús en la Cruz, si sus discípulos hubiesen pensado igual. Seguramente lo pensaron y también tuvieron miedo, pero sabemos que con la asistencia del Espíritu Santo, todo lo bueno es posible.
Acaso Jesús no nos dijo también a nosotros: «NO TENGAN MIEDO, SI LOS PERSIGUEN A USTEDES, ANTES ME PERSIGUIERON A MÍ»
¿Acaso queremos hacer un mundo mejor, pero sin esfuerzo?, ¿sin ocuparnos?, ¿sin problemas?... Busquemos en los Evangelios las respuestas a estos interrogantes, preguntemos a los Apóstoles de Jesús si les fue fácil difundir la verdad de Cristo. ¿A ellos nadie los molestó?, ¿no corrieron el riesgo de perder sus trabajos, o lo que es más, la vida?
Sabemos cual es la respuesta, pero es cierto, nosotros no somos ellos, o será que nosotros no somos Apóstoles.
Sabemos que nada bueno se construye sin esfuerzo, sin riesgos, sin sacrificios.
Ya en casa, me sentía desalentado, cuando Dios a través de la radio me envió su Palabra por boca del padre Ceschi. No sé de qué hablaba pero alcancé a escuchar que «la pequeña luciérnaga, al encender su diminuta luz, corre el riesgo de ser devorada, pero no por eso deja de alumbrar».

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